
De niño, con papá, fui al ayuntamiento, y me llevó a ver la torre del carrillón. Me decepcionó. En cambio, sigo viendo en mi interior cómo me adormecía mamá al son del ritmo del reloj del comedor. Y recuerdo el sumo orgullo cuando, en una ceremonia de una antigua bodega de un castillo del siglo XII, a mi padre le otorgaron el título de «chevalier du taste-vin». En aquella ocasión papá pronunció un bello discurso. Y, cuando se jubiló, el «Cercle d´Economia» le entregó una valiosa moneda de plata. También aquí fue muy brillante su discurso.
Estos son los míos. Es esencial ser elitista, pero en el sentido originario de la palabra: asumir la responsabilidad de “lo mejor” de la mente humana. Una élite cultural debe cargar con la responsabilidad del conocimiento y la conservación de las ideas y los valores más importantes, la responsabilidad de los clásicos, del significado de las palabras, de la nobleza de nuestro espíritu. Ser elitista, como explicó Goethe, supone ser respetuoso: respetuoso con lo divino, con la naturaleza, con los demás seres humanos y, por lo tanto, con nuestra propia dignidad.
España no semeja nada ya a una mesa en Lhardy (cerraron Lhardy) Vuelvo los ojos a las “Memorias” de Metternich leídas anoche, la cabeza apoyada en la mano. Golpea el fulgor de la primera luz del día. Miro la tele: feministas teñidas y marujas sansirolés con falda chillona, vocingleros tertulianos campanudos, hastiados reportajes de jóvenes okupas. La Cultura va muy para atrás.
Atento: libros escritos negando el estilo «Beaux Arts», entre la incompetencia y la inexistencia; torpor vegetativo de «bohémien» y de políticos con brutez grabada en su rostro. Resumen: cenizoso y episcopal Tiempo de Grisalla. Tiempo de cucarachas corriendo por el parking y los baños. Tiempo sin lugar para la memoria y el futuro. No soporto más este tiempo cutre, que hace que todo sea miserable, desgastado y arrugado. La tragedia del mundo no es que las cosas bellas mueran jóvenes, sino que envejecen y se vuelven malas.
Muebles de mala calidad, ropa de mala calidad, ideas y filosofías de pésima calidad. Muchas épocas del pasado fueron como un salón lleno de duques; entrar en nuestro siglo es como ir ataviado igual que un cura andrajoso. Siglo desaliñado, sucio y desagradable, y rancio, destartalado, viejo y sombrío. No puedo más.
Se oyen afuera botas militares desfilando. No salgas, quédate en tu despacho escribiendo unas pocas líneas. El Tiempo, feo y falso, sin Brillo, Genio ni Sabiduría. Tan lejos del coronamiento de un emperador. Tiempo que solo asume irresponsablemente lo peor de la mente humana. No puedo más.
NOTA BENE: Ahora todo son tatuados, analfabetos, gentuza de cuarta fila, neorrealismo brutal. Yo prefiero el agua fresca a la Coca-Cola, los alimentos naturales a los congelados, la canción de los pinos a las estridencias del televisor, la agricultura a la bisutería industrial, las casitas de la ruralía a morirme de asco y de neurosis. Infinitamente prefiero el lento recuerdo de los días pasados para siempre al hosco y repulsivo presente, y al aborrecible futuro.
