
Libros: «Vastes et détranges domaines», «Vastos y extraños dominios», para alimentar la mente. Ociosa juventud la de un libro. Evaporados y tristes ojos al leer un libro, insistente excitación al leer un libro. Salvaguardas en las escolleras de la vida, acantilados y precipicios. Lujo al acecho de labios desbordados, perfumes de baratillo.
Hipnosis de las suites para laúd de Bach, y roja vergüenza en el tarareo de tití de Bad Bunny. Borges y la Enciclopedia Británica. O Máxim Huerta y Nieves Herrero. El cuerpo desnudo (centelleos de luz lechosa) yaciendo en una sábana blanca que cubre y sofoca un lienzo de un rojo exuberante y vívido. Y Damian Hirst o el «trapallaire» Tàpies. Fachada de Codussi y apelotonados grafitis. Prosa ordenada y clásica, o palabrería y manierismo. Eunomía y Caos.
Todo está en los libros.
