Falsas memorias 34

Me gusta el pío campesinado rural, las capillas silenciosas, las vieirias, los perfumes caros y el Châteauneuf-du-Pape. Deportes, comida y un poco de arte o literatura no me parecen nefasto ideal para la gente común.

Lionel Trilling arguye que la diferencia entre Dreiser y James «es la sempiterna creencia americana de que existe una oposición entre la realidad y la mente, y de que se debe tomar partido por la realidad».

El realismo empírico y mostrenco, el naturalismo de barato puticlub, los hechos pelados, el objetivismo del fútbol, la apología de la taberna, prevalecen en la mayoría de literaturas y vidas. En literatura el grosero sentido común, el tópico o cliché, son más frecuentes que el esclarecimiento de la variedad, la dificultad y la complejidad.

Yo no permitiré que Madame Récamier enseñe un piercing en un «after-hours». Si millones de seres espirituales vagan invisibles de un lado a otro de la tierra, me vestiré con galanas ropas curiales cada vez que entre en mi voluminosa biblioteca. No permitiré que Madame de Stäel quede narcotizada y estupidizada frente al televisor. O que Cromwell se compre una barbacoa, un chándal y pegue «pósits» de autoayuda en la puerta de su nevera. Juro que evitaré que Mozart desayune Coca-Cola en un MacDonald´s. JE VEUX LA VIE SOLITAIRE.

Pero, lo admito, aunque esto niegue mi personaje literario, algo -o bastante- de la cultura de masas se coló en mi obra. Negué visiones de Esquilo y me inspiraron giros lingüísticos oídos en la conversación de un bingo o en una radio. No solo creí en Dios, también creí en Marwán. Pese a pretender custodiar lo mejor, mi escritura guardó algo de lo dinámico, oral, anónimo y sencillo llanamente popular. Quise solariums con lirios, pero, por los rincones, se amontonaron metales viejos y escoria. Bibelots kitsch poblaron mi mente. Por empinados caminos de escaramujos me pincharon espinos. Me vestí con chándal y no me disgustó ver un poco de telemierda.

Digamos que atraviesa mi literatura y mi escritura vetas de cultura pop. Disfruto falseando esa realidad e hinchándome como un sapo. Escribo con autotune y me encanta el chisme. No se lo digáis a nadie: mil veces prefiero la cultura de masas a la cultura de misas.

Deja un comentario