
OPINIONES CONTUNDENTES
Pintura de algas de ese pobre cocinero de Matisse ¡Un pintor de pelos en la sopa! Kandinski, solo bueno si se hubiera quedado de fabricante de bastones de puños esmaltados. Cézanne, el que no logró ir más allá de las manzanas de hormigón. Moreau, que no superó la adolescencia. Max Ernst, incapaz congénitamente para la belleza. Miró, un payés catalán. Duchamp, un indolente, excepto para el ajedrez. Infame arquitectura de Le Courbusier, de campo de concentración.
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«La «Sinfonía de cámara» de Schoenberg, una sinfonía de cámara de los horrores; introduce en su música unas dagas afiladas y al rojo vivo, con las que va cortando en pequeñas rodajas la carne de sus víctimas».
«Béla Bartók tocando sus obras para piano me ha causado el mayor sufrimiento de mi vida».
«¿El perreo reggaetonero? No, el tango, según las inmortales palabras del arzobispo de París tras la llegada del baile a Europa en 1914: “Si esta fémina que baila tango es la nueva mujer, que Dios nos libre del desarrollo futuro de esta criatura anormal”.
Wagner: “Su música es simple y llanamente estiércol”.
Rigger: “Sonaba como si se estuviera torturando, lentamente y hasta la muerte, a un grupo de ratas, mientras, de vez en cuando se oían los gemidos de una vaca moribunda”.
Strauss: “O es un lunático o se está acercando rápidamente a la imbecilidad”.
Wagner, nuevamente: “La fascinación secreta que hace que esta música sea la predilecta de la realeza más imbécil, el juguete de las camarillas, de los cortesanos aduladores cubiertos de babas reptilianas y de las apáticas mujeres histéricas que parasitan las cortes”.
Strauss, repitiendo: «Hace que los trabajos más delirantes de los más delirantes seguidores de la escuela moderna parezcan completamente insignificantes. Es una pesadilla espeluznante».
Schoenberg, otra vez: “O está loco como una cabra o es un estafador sumamente listo”.
El inmortal Wagner, de nuevo: «»Sigfrido» es abominable… Podría matar a un gato por miedo a estas discordancias espantosas… Los oídos me zumbaban al oír esos abortos de acordes, si todavía pueden llamarse así… Toda esa mierda podría reducirse a cien compases, pues es siempre lo mismo y resulta siempre igualmente tediosa».
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“¿No te das cuenta, Dwight, de que no tienes nada que decir, sólo que añadir”, Gore Vidal contra Dwight MacDonald.
“Me enviaron esa mierda de «De aquí a la eternidad». Y con lo mierda que es, me extraña que el hombre que la escribió tenga esa extraordinaria pinta de estreñido”, Truman Capote contra James Jones.
“Aprecio mucho a Freud como autor cómico”, Nabokov contra Freud.
“Hace treinta años que no lo leo. Es un pelmazo. Y me tiene sin cuidado que le hayan dado el Nobel o no”, Sánchez Ferlosio contra Cela.
“Su estilo es despeciable, pero eso no es lo peor de él”, Coleridge contra Gibbon.
“Otro Juan Ramón Jiménez. Más de 400 versos seguidos, pequeño fragmento de ese largo poema escrito en La Florida. Es decir, ni asunto ni composición, según el propio Juan Ramón; todo seguido. Un fárrago fofo reblandecido por esa nota mema que tiene siempre el pensamiento del tal nenúfar”, Jorge Guillén contra Juan Ramón Jiménez.
“Italia no tiene escritores sino escribanos, como el imbécil del tal Petigrelli, el tonto furibundo de Marinetti y el tonto estético de D’Annunzio, con su cortejo de frases con miriñaques y crinolinas”, Vicente Huidobro contra los escritores italianos.
“Leí tu artículo sobre Waugh. Este libro de mierda sonaba horroroso, aparte de que el tipo era muy tonto. Sólo un hijo de puta de primera categoría podría haber escrito las partes divertidas de «La espada del honor» y la totalidad de «Retorno a Brideshead». Cada vez que pienso más en él como un chaval que escribió un libro maravilloso («Decadencia y caída»), pero a quien luego le dio un ataque de histeria y se unió a la Iglesia católica”, Kingsley Amis contra Evelyn Waugh.
