Ecce homo 2

Nací en Barcelona a finales del siglo XX. Estudié y estudio. Solo la música consigue sacarme de mi estado de desagradable sopor. Me emboto y bostezo sin parar. Pero me digo: «Acaba tu obra, escribe». Murió Adriano, el gran emperador. Y mi obra ya se terminó. Uno se siente MUY RECONFORTADO ANTE EL DEBER CUMPLIDO. Ya escribí lo que debía escribir. Ahora, rematarla, sería cuestión de detalle, de ultimar para mejorarla. Si tengo vida, lo haré.

Una vida honorable consiste, sobre todo, en procurar “dejar fuera” la basura y tender hacia lo que nos enriquece intelectual y moralmente; en suma: ser mejores. Eso deseo con mis libros: volver mejores a mis lectores.

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“No soy pobre, no soy rico; nihil est, nihil deest, tengo poco, no quiero nada: todo mi tesoro está en la torre de Minerva… Sigo viviendo como estudiante universitario… y llevo una vida monástica, ipse mihi theatrum [entretenimiento suficiente para mí], apartado de esos tumultos y problemas del mundo… aulae vanitatem, fori ambitionem, ridere mecum soleo [me río de las vanidades de la corte, de las intrigas de la vida pública], me río de todo”, Burton, “Anatomía de la melancolía”.

Hago mías estas palabras de Burton, en cuya enciclopédica y erudita obra en parte me inspiré. Me considero ese tipo de artista que, desde la aristocracia confesional de una inteligencia erudita, aunque autodidacta, siempre impartió su doctrina desde la perspectiva de un extraño.

El contacto con el aire de estos tiempos, con las palpitaciones de los tiempos, agria el vino nuevo, las cosechas que toca se vuelven estériles, los injertos mueren, las semillas en los jardines se secan, los frutos de los árboles se caen, el filo del acero y el brillo del marfil se opacan, las colmenas de abejas mueren, incluso el bronce y el hierro se oxidan al instante, y un olor horrible llena el aire; probarlo enloquece a los perros e infecta sus mordeduras con un veneno incurable. Deseo que mis libros fueran un antídoto contra la brutalidad de los tiempos.

Estoy feliz. Mi vida adquirió, cumplió un destino.

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