Ecce homo 4

Es terrible el ser humano. Unos van con segundas y terceras intenciones, o son maledicentes, o malvados, o son unos egotistas terribles (éste sí es mi caso) En mis libros -todo el puto día hablando de mis putos libros- adopto un personaje literario, también en mi yo digital, de tipo como por encima del bien y del mal, exquisito cultista, sermoneador, profesor carapolla, despreciador nietzscheano de las masas, intolerante con el vulgo y la gentuza.

Les voy a decir la verdad; para mí no existe la gentuza, todos estamos hechos de esa masilla mitad de ángeles, mitad de demonios, y, gentuza, solo lo son los «malas sangres», gente que, por autocuidado, debemos expulsar de nuestra comunidad moral.

Yo, pese a mi esquizofrenia, fui un absoluto privilegiado. Admito que tengo el pequeño mérito de haber aprovechado las oportunidades académicas y la educación exquisita que se me brindó, pero eso no es, bien pensado, demasiado. Hay vidas de una dureza inenarrable. Comprendamos la diversidad humana con compasión. A mí me bajaron los humos los manicomios, escuela de aprendizajes estremecedores (un manicomio es un sitio francamente duro) Me maltrataron algo mis semejantes a partir de la adolescencia. Y no, no confío en la naturaleza humana, pese a que, en líneas generales, abunda mucho más la gente buena que la mala. Yo soy bueno, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Y siento orgullo -perdón- por ello.

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