Ecce homo 7

Quienes hemos sido verdaderos lectores toda la vida rara vez nos damos cuenta de la enorme extensión de nuestro ser que debemos a los autores. Lo comprendemos mejor cuando hablamos con un amigo que no es amigo de lecturas. Puede que esté lleno de bondad y buen juicio, o de ironía y experiencia mundana, pero habita -eso se ve a la legua- en un mundo diminuto. En él, nos sentimos irremediablemente asfixiados. El hombre que se conforma con ser solo él mismo está en una prisión.

A mí mis propios ojos, mi propia mente, mi propia vida, no me bastan; veré a través de las de de otros. La realidad, incluso vista a través de los ojos de muchos amigos, y conocidos o saludados, no basta. Debo ver lo que otros han ideado. Debo sentir amor a los libros y al pasado literario. Al leer la gran literatura me convierto en miles de hombres y, sin embargo -obsérvese- sigo siendo yo mismo. Como el cielo nocturno en el poema griego, veo con una miríada de ojos, pero sigo siendo yo quien ve. Aquí, como en el amor, me trasciendo a mí mismo; y nunca soy más yo mismo que cuando lo hago.

El verdadero objetivo de los estudios literarios es sacar al estudiante de su provincianismo, convirtiéndolo en espectador, si no de todo, sí de ese «mucho» a lo largo del tiempo y el espacio. El estudiante, o incluso el colegial, que ha sido guiado por buenos (y por lo tanto, discrepantes) profesores a encontrarse con el pasado, son sacados de la estrechez de su propia edad y clase social, y dirigidos a un mundo más universal.

Me gustaría dejar de escribir, dar por concluida mi obra, y, sereno, releer los libros antiguos, los inmortales libros del pasado. La brisa marina pura de siglos soplando en mi mente; eso que solo se puede lograr leyendo libros antiguos. No es, por supuesto, que el pasado sea mágico. La gente no era más inteligente entonces que ahora; cometieron tantos errores como nosotros. Pero sus propios errores no nos ponen en peligro, y, sus enseñanzas pueden ayudarnos a subsanar nuestros errores de ahora mismo.

Deseo comprender. Ser mejor. Y eso no lo alcanzo escribiendo mis libros, sino leyendo los grandes libros de la historia.

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