Ecce homo 9

A veces me pregunto si «quedaré» (pregunta relativa y propia de un yo adolescente e hipertrofiado)

Y la respuesta me apena. En primer lugar, mis libros se inscriben en el gran cuerpo de tropa de la literatura, en la frontera o interregno -la «interface»- entre las obras mediocres y las obras geniales. Puede que mi vocabulario o estilo no sean limitados, que mis libros vayan más allá del mero entretenimiento superficial, que mis ideas no sean meros, planos clichés. Puede -y soy muy generoso- que acaso apunte una voz y un mundo. Pero mi literatura está a años luz de los guantes de piel fina, los trajes caros, bien cortados, y las corbatas de calidad de gusto intachable, de los Grandes. De sus sombreros de marca buena y exclusiva. Mi obra no eriza como el agua fría de los marjales bajo el viento gris del gran cielo cubierto; la landa húmeda, los nubarrones vastísimos. Yo: ni frío ni calor.

Solo soy una anécdota en la historia de la literatura española. Además no existe nada de literatura secundaria sobre mí. Invisible en vida, mi invisibilidad e inexistencia se trasladará a un vacío y silencioso lugar post-mortem. Una literatura desarraigada, clínica, nómada, sin hogar. Escritor sin atributos, lector y espectador nada más. El choque psíquico de vivir siendo un profundo psicótico. Sacudidas violentas de futilidad, bajo la claridad cruda de la locura.

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