Ecce homo 11

Ayer bebí mucho; hoy, me levanto con resaca. Siento mi cabeza como una bolsa membranosa, donde, por dentro, rueda un pesado huevo de mercurio (siento como si un cerdo se hubiera cagado en mi cabeza) Le lengua es un calcetín amarillo sucio y estropajoso. Parece que me hubiera comido el estómago un caimán hilarante y gigante. Los intestinos revueltos a punto de explotar como una caldera. Y cada sonido es una descarga de aire estrepitosa, como la detonación de un mortero.

Yaciendo despatarrado en la cama, vomitado a la existencia como un cangrejo roto sobre la grava alquitranada de la mañana. La luz me hace daño, pero no tanto como mirar cosas. Late en el día, en la luz del día, un mausoleo de letrinas.

En resumen: la mente consciente emerge demasiado rápido de las curvas afiladas, a través de mares palpitantes de hielo. Explosión, sondas, respiraderos, áspero croar, tac-tac, tac-tac, ci-cri, plap-plop, parecen escaparse de mi cráneo oprimido. Como un gruñido gaseoso, la luz cruel, aguja y ojo de cebolla encurtida y helada, heridora. En la base de mi estómago, un gran montículo envuelto en pañales cagados.

No volveré a probar una gota.

Deja un comentario