Ecce homo 19

Entre la ironía y el sarcasmo muy tenuamente hiriente, con parafernalias y filigranas prosódicas muy suyas, con una clara visión y punto de vista coherente con el mundo, Javier Divisa hace alta literatura en sus cuentas de Facebook. Algunos elementos que emplea:

(i) Incongruencia entre la situación y la expresión literal.

(ii) Asimetría del engaño. Expliquémoslo. “No digas nada que sea falso” (máxima de verdad de Grice) y “Ten tacto” (esta no es de Grice, pertenece a las máximas de cortesía de Leech, añadidas normalmente a las de Grice) Divisa, en sus críticas irónicas, además de la máxima de verdad, incumple la máxima de cortesía, y eso produce que se diga más con menos, y por tanto, la gente esté menos acostumbrada a escucharlas, lo que hace que sean más difíciles de detectar y comprender.

(iii) Atribución de la intención irónica. Realmente no hace falta que sea una ironía lo que escribe Javier Divisa, solo que el lector lo crea.

(iv) Interacción entre la asimetría del engaño y la atribución de la intención irónica

(v) Claves prosódicas. El inconfundible «tonito» de Javier.

(vi) Ciertos adverbios, términos e hipérboles muy suyos, recurrentes sobre todo en la crítica al costumbrismo y a nuestra tontería (en el uso del lenguaje, en la pareja, en la manera como nos comportamos en las redes sociales, en los rasgos de la vanidad y egolatría del artista etcétera), o en su forma de cerrar el post.

En honor de Divisa, un antecedente ilustre suyo: Quevedo.

“Repartió a cada uno tan poco carnero que, entre lo que se les pegó a las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía: – «Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas» ¡Mire v.m. qué aliño para los que bostezaban de hambre!”, «La vida del Buscón llamado Don Pablos».

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Alexei

«Ser superdotado es un componente de la personalidad. Para florecer, esa personalidad tiene necesidades simples pero enormes e ineludibles de comprensión, amor, benevolencia, valoración, etc. Este alimento afectivo condiciona la construcción de una autoestima sólida», Jeanne Siaud, «¿Demasiado inteligente para ser feliz?», Paidós, pág. 47.

Los psicólogos James Webb y Eric Maisel descubrieron que las personas altamente superdotadas y creativas eran particularmente vulnerables a la depresión existencial. Sin embargo, el lado positivo es que también tienen una mayor capacidad para rehacerse y salir de ella que las personas con un CI medio, ya que tienen una menor incidencia de suicidio. Además, según un estudio de la Universidad de Cambridge, las personas con un CI elevado tienen síntomas menos graves y una mayor capacidad de adaptación. Alexei es altamente superdotado. Pocas veces me encontré con un escritor tan inteligente, y, a la vez, tan pura raza como escritor (aquí hay un aire de familia con su «maestro» Javier Divisa)

En su literatura de Facebook se trasluce fuerza, belleza y tragedia, un desprecio a lo reposado y académico, a las letras de mesa camilla, un desprecio a los crudos e insensibles mediocres, un don para narrar su propio universo con esa cercanía y brillantez y con esa extraordinaria fuerza narrativa y esclarecedora a lo Fante (?) Se ve en él algo frágil, un bulbo psicológico complejo. A veces da miedo su terrible capacidad de observación, la capacidad de argumentar sus ideas con argumentos sólidos, esa lucidez en el análisis y la asociación de ideas. Sus páginas nunca dejar de tener acento de verdad. Su escritura tiene impulso, milagro y furia (a veces desarmante ternura)

Siempre nos atrae, volvemos a sus incorrecciones y nos despabila. Lo amamos y lo odiamos. Encantador y excéntrico (en el sentido etimológico) No le gusta a todos, tampoco le interesaba mucho gustar, ni ser salvado. Irónico siempre. Pertenece a su época. Puto genio en lo artístico. Le dedico este pasaje de Céline (traducido por Carlos Manzano): «Me gustaría ver a Luis XIV con un “asegurado social”… ¡vería si el Estado es él!… ¡pensad en los miles de millones que representa el menor cotizante! ¡ay, Luis, mindundi!… imaginaos, Luis Sol, ¡el canguelo tan solo por cambiar de cirujano! ¡ya es que no podía vivir!… ¡la etiqueta!… ¡lo que trae sin cuidado a tu “asegurado”! ¡mandarte a tomar viento! ¡tratarte de macarra canalla!»

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