Ecce homo 29

AUTORRESEÑA DE MIS LIBROS

En la pentalogía de Christian Sanz encontramos una diarística superficial, anécdotas y comentarios cotidianos, poemas, humor y guiños irónicos; se logra así un falso efecto de cercanía y simplicidad. Pero, asimismo, encontramos también una erudición babélica, una capa de cifrado intelectual, que solo desentrañarán los lectores preparados. Así se difuminan las fronteras entre lo personal, lo literario y lo reflexivo; los secretos solo se revelan a quienes se sumergen profundamente en el texto.

Christian no es de esas personas que nos aseguran que lo que llamamos valor estético es una mistificación burguesa o arbitraria, una mera estipulación subjetiva. Ni cree que cualquier libro es intrínsecamente igual a otro libro. Se pensaría que una doctrina tan burda y cruda habría sido ridiculizada, pero es como en nuestra política; piensas que las cosas van a ser ridiculizadas y, de repente, descubres que ha habido una avalancha y el voto acémila repiqueteando. El personaje literario de su pentalogía acepta el magisterio de Cervantes, Montaigne, Goethe, Dante y Tolstoi ETCÉTERA, todos ellos bajo la sombra de Burton. El personaje es un fervoroso defensor, algo evangélico y naif, de los grandes nombres, de la lectura compulsa, de la crítica y la opinión pobre por sesgada, por intransigente, exaltada y prosélita.

Hace que odiemos el statu quo, pero nos hace sentir igualmente insatisfechos con nuestra ignorancia; hace que nos disgusten la vulgaridad de los otros, pero también que nos irrite la nuestra; nos vengamos de sus ofensas, pero no retribuimos esos favores con gratitud. Acaso eso sea una razón muy indirecta de su fracaso de ventas.

«La anatomía de la melancolía», de Burton, es obra valiosa. Acaso esté lastrada por una sobrecarga de citas, pero hay un gran espíritu y una fuerza estimable en cuanto dice Burton cuando escribe por su cuenta. Burton, gran inspirador de esta serie de obras sanzianas.

T. Campbell escribió esto del Dr. Johnson, aplicable quizá a nuestro autor gallego-catalán: : «Tiene el aspecto de un idiota, carente del más tenue rayo de sensatez en cualquiera de sus facciones, y es de una torpeza proverbial, y gasta una verborrea gris sin empolvar, zarrapastrosa; anda en todo momento bailoteando una jiga endemoniada, y a veces hace esfuerzos denodados con tal de insuflar a silbidos algún pensamiento en sus paroxismos de ausente».

Burton observa la política, la enfermedad y la moralidad, mientras que Sanz Gómez amplía el registro a la vulgaridad contemporánea, la alienación y la decadencia cultural, siempre con una prosa que combina claridad, a veces lirismo, humor y precisión. El lector atento detecta que cada digresión, cada aforismo o microensayo, es a la vez comentario, juego intelectual y confesión velada: un diálogo silencioso con las ideas y la historia secular que le preceden.

En consonancia con los eruditos de la Inglaterra moderna temprana, la obra despliega un mosaico de referencias intertextuales: fragmentos de autores antiguos y modernos se entretejen con reflexiones personales, intimando con citas a veces en latín, francés o inglés. Tal procedimiento recuerda la forma en que los comentaristas del Renacimiento estructuraban sus códices: “Verba volant, scripta manent”, y no obstante, la articulación no es rígida; cada referencia funciona como eco de ideas previas, un espejo que amplifica la voz propia sin disiparla.

En los tratados más refinados sobre la condición humana, se ha sostenido que la erudición no consiste meramente en acumular saber, sino en organizar la experiencia de manera que la mente pueda contemplarla y discernir su extensión. Así lo enseñó Burton, quien en «The Anatomy of Melancholy» concebía la mente melancólica no como defecto, sino como instrumento de exploración intelectual, y estructuraba su obra como un palimpsesto de referencias, digresiones y citas.

La obra de Christian adopta un proceder análogo: fragmentación deliberada, hibridación de géneros y circulación constante entre lo anecdótico, lo filosófico y lo poético. Cada entrada funciona como un microensayo, donde el autor oscila entre lo personal y lo erudito, descubriendo que la dispersión aparente obedece a un orden secreto y riguroso.

En su obra «First Love», Beckett incorpora más de 200 líneas y expresiones extraídas de «The Anatomy of Melancholy». Según el académico Edmund Gunter, «el narrador de First Love sigue la estructura general de Burton, con una prosa fragmentaria y una visión sombría de la existencia humana». Sustitúyase «el narrador de First Love» por «el yo enunciativo de la pentalogía de Sanz Gómez» y se obtendrá una idea similar.

La repercusión inmediata rara vez es un buen indicador del lugar que uno ocupará en la historia literaria. Si nos fijamos en «The Anatomy of Melancholy», Burton pasó prácticamente desapercibido en ciertos círculos contemporáneos, y sin embargo, su obra ha resonado durante siglos, influyendo en escritores, filósofos y artistas, exactamente por ese carácter “indigerible” para la mayoría. Sus libros podrían -nunca se sabe- funcionar de manera similar: no serán «mainstream», pero sí memorables para quien realmente se tome la molestia de explorar su mundo literario.

La melancolía de Burton era método y contenido de la mente; la de Sanz Gómez, también gracias a las citas, es estilo. En ambos, la escritura se erige como defensa contra la trivialidad del mundo. Y si el primero cartografió los laberintos del alma moderna, el segundo ofrece su versión contemporánea: una Anatomía de la Vulgaridad, escrita con la precisión de un moralista y la nostalgia de un esteta. Quizá el tiempo -ese último crítico- sabrá colocarlos, como a sus precursores, en el linaje de los raros necesarios.

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