
Uno es un canijilla, el otro un farruco.
Gorjones y fariñas, chinchales y matracas compulsos; en el fondo, cascarrabaces. Churumbelos sin sesos, marmotillas de cloacas, soplagaitas, ñus de feria, serpientes de pergamino. Zonzos, verracos: son escritores.
Abundios mamertos y jumentos, babiecas del gran estupor pasmado, don Tonteques y pánfilos. Ambrosios y Alipios, batuecos y bolonios, leperos y cuacos. Ciruelos, apapucios, barrabases o gedeones.
Escritores gilipichas, huevudos y cansinos. Sorjuanetes grafococos, escritorzuelos verdes mocos, payasetes desmedrados, prosillas del tampoco, padrotes gilipuertas, eyaculadores precoces, subnormaloides, sofritoletras, carapollas.
Boniatos y berzas, alcornoques, besugos cruzados con pollino, linaje de pollabobas chorlitos, cojonazos paletos, los del burro y sus parientes, ceporros aguanosos, desabridos, a los que les patina el cigüeñal… las neuronas; son donceles cencerros.
Embotados, damitos zampabodigas y zampatortas. ¿Sus libros? Retahíla de palabras papamoscas.
Y ellos, alelados, asnados, tontucios, babiecas, zambombos, ciruelos, maxmordones, marmolillos, zamacucos, zampatortas, bozales, monotes, tolondros, bausanes, zolochos, bonotes… y boludos, chetos, cretos, chocobones, rompepuertas, agüeonaos, guampudos, soplapingas, rojomierdas, pinches, mamarrabos, gonorreas, culiaos.
¿Escritores? TODOS.
GILIPOLLAS.
