Ecce homo 41

BIBLIOTHECA SOLITUDINIS

No distingo ya entre mi yo y el del «De figuris librorum» de un supuesto -o quizá real- Arsenius de Eboracum (siglo XII), tratado de hidromancia escrito entre los pasillos de un manicomio y los pétalos de rosas de un quirófano.

Mi mente se aliena: ratas devoran el papel entre los libros. No sé discernir entre Christian Sanz y el «Tractatus de silentio legentium» de Melchior Alvarus (siglo XVII), ni de la «Summa de libris non scriptis de Giovanni Luminatus» (siglo XV). Estos sí, autores verdaderamente existentes -aunque fuera de mi realidad mental.

El mundo es hostil al espíritu: bibliotheca solitudinis. Pérdida miserable. Bancarrota absoluta del yo. Las cosas, esposadas a un río carmesí y helado de soledad, fluyen ininterrumpidamente.

Oigo voces sólidas de verbívoros mayéstaticos e incansables, de parloteadores canallas y maltratadores. Caen sobre las pálidas orillas de la playa, amontonando sus basuras de palabras, que yo -con ternura infantil- recojo, restauro y cuido. Solo me quedan esas palabras tullidas, gemelas de palabras sordas. Y poco a poco, ya no sé quién soy. Ah, esas palabras delicadas y sensibles, que llaman la atención como las rodillas sucias de una niña rumana.

***

Appendix librorum

Libros hallados en estas flores del mall: «Del caníbal, el fulano y el deyectado», «Sobre cartas de amor sin placer ni piedad» y el «Tractatus del insomnio».

Perdonen: escribo mal. No duermo hace siglos. Estoy borracho. Escribo sin el control emocional que exige la prudencia y la exposición pública. Sépanlo: preferiría ser cualquiera muerto al que soy vivo.

Perdonen: escribo mal. No duermo hace siglos. Estoy borracho. Escribo sin el control emocional que exige la prudencia y la exposición pública. Sépanlo: preferiría ser cualquiera muerto al que soy vivo.

Deja un comentario