Ecce homo 45

Escribir no para comunicar, sino para exorcizar, para recuperar la infancia y darle forma de lenguaje a lo que fue aquel paraíso privado. Un gesto profundamente religioso, aunque sin Dios: escribo como un intento de restaurar el pasado orden perdido a través de la forma verbal. Escribir es velar a los muertos, desvelar la memoria. Padezco y exalto a la vez esa infancia, yo, flâneur altivo por las galerías de la memoria. Escribo para que, mientras existan palabras, no desaparezca aquel paraíso doméstico.

Aquellos días de Barcelona, tan lentos, tan largos, tan llenos de olores y de luz y de colores intensos, se me han quedado como piedras preciosas engastadas en el tiempo; y cuando pienso en ellos, algo del frescor y del brillo de la infancia vuelve a mí, un frescor y brillo que quiero reproducir y trasladar al tapiz que enhebra mi lenguaje.

El lujo de nuestra casa era sereno, propietario, pero sin ostentación; las habitaciones, llenas de flores y de libros; y el aire impregnado del olor del café de la mañana y de las barritas de sándalo que tanto encantaban a papá. Sentimiento de seguridad y belleza.

Puedo decir al igual que Tolstói: “Nada en la vida puede compararse con la dicha pura de aquellos años. Era yo un niño amado y feliz; las horas me transcurrían como en un sueño de verano. Todo estaba bien dispuesto, todo era armonía y alegría. Mi madre me amaba con ternura; mi padre, con orgullo. Y el sol, que se filtraba por las cortinas de mi cuarto, parecía sonreírme también.”

Porque nací en una casa grande, a las afueras de Barcelona, rodeado de jardines y bosques; y los veranos, en la casa de Orense, eternos. Mis primeras impresiones son de luz hilada como a hojas de abedules; y el sonido de la música culta, humanista, y las sábanas blancas de mi lecho, y los retratos familiares que parecían mirarnos con benevolencia. Aquella vida temprana fue una mezcla de lujo y pureza, de ternura y amor; una especie de inocencia aristocrática que después ningún placer ha sabido devolverme.

“Las cosas que yo veía en la casa de mi tía Léonie, los muebles, el reloj, el olor de las lilas del jardín, todo tenía para mí la gravedad y la dulzura de lo eterno. Me parecía que aquellas mañanas nunca acabarían y que siempre oiría el ruido de las cucharillas en las tazas de porcelana.”, Proust, “Por la parte de Swann”.

El reloj sonaba con dignidad y regularidad, el dinero lo teníamos quienes debíamos tenerlo, y el aire olía a helado apasionado de nube. Mi madre me acariciaba el cabello con manos suaves, y mi padre, siempre elegante, hablaba con voz grave y cuajada de razones. Las estanterías de nogal de la enorme biblioteca, los libros encuadernados en cuero. Todo me parecía -y parece- de una delicadeza infinita. Las tardes oliendo a madera encerada. Y la voz de mamá que me “agombolava” solo con oírla.

He conocido la dicha absoluta: tener libros y el cariño de los míos.

***

“Había en nuestra casa un orden que era casi una música. Las tazas de porcelana, los retratos en miniatura, las lámparas de gas con pantallas verdes: todo hablaba un lenguaje de refinamiento y de cariño. Nunca me sentí más seguro, más dueño del mundo, que en aquel salón donde mi madre leía y el fuego crepitaba.”, Henry James

“Mi infancia fue un jardín de cosas maravillosas, un país de juguetes nobles y de cuentos de hadas contados junto al fuego. Mis padres no eran ricos, pero el mundo que habían creado para nosotros era un reino. Todo tenía dignidad y belleza: los libros, los cuadros, los almuerzos del domingo.” Chesterton

“Fui criado en una casa espaciosa, rodeado de cuidados, entre objetos de arte y libros. El salón estaba lleno de cuadros, instrumentos y tapices; mi madre era alegre y de imaginación viva, y mi padre, severo, pero justo. Era una vida elegante, rica, y, sobre todo, ordenada.” Goethe

“El niño crecía entre cortinas de seda, tapices antiguos y la música de los relojes. Pero el verdadero lujo era el amor callado de los suyos, el sentido de una vida bien ordenada. Aquel mundo era como un poema tejido con los hilos del cariño.”, Walter Pater

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