«Ad illa mihi pro se quisque acriter animum intendat: quae vita, qui mores fuerint; per quos viros, quibusque artibus domi militiaeque imperium partum ac auctum sit; deinde labente paulatim disciplina velut desidentes primum mores, deinde ut magis magisque lapsi sint, donec ad haec tempora, quibus nec vitia nostra pati possumus nec remedia perveniamus […] Nuper enim opes et felicitas, quae nullis vitiorum illectamentis corrumpi potuerunt, eam prorsus eversionem moribus attulerunt», Tito Livio, «Que cada cual, por su parte, fije su mente en esto: cómo fue su vida, cuáles sus costumbres; por qué hombres y con qué artes fue adquirido y acrecentado el Imperio, y luego cómo, al decaer poco a poco la disciplina, primero se desmoronaron las costumbres, y después cómo se deslizaron más y más, hasta llegar a estos tiempos, en los que no podemos soportar nuestros vicios ni tampoco los remedios. Esta es la cualidad particularmente saludable y fructífera en el conocimiento de los hechos, que tú contemples todos los ejemplos de la historia en un monumento ilustre; de ahí puedes tomar lo que debes imitar y lo que debes evitar para ti y para tu república [… ]Pues últimamente la riqueza y la prosperidad, que ninguna clase de incentivos viciosos pudieron corromper, trajeron sin más la ruina total de las costumbres», Livio, T. (1990), «Historia de Roma desde su fundación», Tomo I: Libros I-III, A. Fontán, Trad., Madrid: Editorial Gredos (Biblioteca Clásica Gredos). [El pasaje se encuentra en el Prefacio, párrafos 9-11]
Siglos después, el mismo diluvio de barbarie. Cuanto más abyecto y servil es uno, más rápido es su ascenso honores y prebendas. No hay lealtad, ilustración, pudor, libertad ni equidad. Regresó la vieja escoria. Los estúpidos ríen.
***
«Que nadie en la ciudad tropiece con mis ojos,
no sea que el aura de mis pasos hiera a alguien.
Aquí yo soy el bárbaro, porque no me entiende nadie.
Y ríen, estúpidos, de mis palabras latinas», Ovidio.
