Ecce homo 53

HUSO HORARIO

Vivo en la frontera de la hora que no existe,
entre la memoria del minuto
y el siglo que finjo olvidar.
Los hombres encienden luces
—suplantan al sol—
y llaman progreso a la fiebre.
Yo, que habito en los márgenes,
anoto en mis cuadernos el temblor,
la ceniza de cada pensamiento,
la belleza que sangra sin sombras.
La luz artificial no alumbra: diseca.
Sólo la penumbra piensa.

HUSO HORARIO

Vivo en la frontera de la hora que no existe,
entre la memoria del minuto
y el siglo que finjo olvidar.
Los hombres encienden luces
—suplantan al sol—
y llaman progreso a la fiebre.
Yo, que habito en los márgenes,
anoto en mis cuadernos el temblor,
la ceniza de cada pensamiento,
la belleza que sangra sin sombras.
La luz artificial no alumbra: diseca.
Sólo la penumbra piensa.

HUSO HORARIO

Vivo en la frontera de la hora que no existe,
entre la memoria del minuto
y el siglo que finjo olvidar.
Los hombres encienden luces
—suplantan al sol—
y llaman progreso a la fiebre.
Yo, que habito en los márgenes,
anoto en mis cuadernos el temblor,
la ceniza de cada pensamiento,
la belleza que sangra sin sombras.
La luz artificial no alumbra: diseca.
Sólo la penumbra piensa.

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