Ecce homo 54

“Es la hora postrera, los tiempos son pésimos -¡vigilad!” (“Hora novissima, tempora pessima sunt—vigilemus”), verso que procede del poema de Bernardo de Morlaix (o Bernardo de Cluny), «De contemptu mundi» (siglo XII), uno de los textos más célebres del pesimismo monástico medieval.

La sensación de fin de época, entre decenas de autores, se percibe en Adso de Montier («De ortu et tempore Antichristi», breve summa apocalíptica muy influyente), en Gerhoh de Reichersberg o en Rodolfo Glabro (s. XI) Todos ellos aparecen citados en la Patrología Latina de Migne (la PL se puede rastrear en línea)

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Todo se gasta, todo se disuelve. La tierra, el mar y los cielos envejecen. Así también envejece nuestra especie, cansada de vivir, decayendo. El mundo está viejo, y los hombres son sus ruinas.

El ruido ha suplantado al silencio, la cifra a la palabra, la pantalla al lomo cosido, la agresividad a la delicadeza de tacto y opinión, y solo en los pasillos de los locos reverbera todavía la luz.

Noche parda, sin relieves, lluviosa y fría. Noche sin bordes empapada de lluvia. Ya lo decía Camba: «El cielo de Galicia parece siempre en víspera de llanto». Zinc y agua floja. El cielo tiene esa discernible negrura inmóvil de estaño oxidado; un solo cuerpo gris; un hipo suspendido; la luz desdentada; la barroca humedad. La noche redonda me aplasta. Oigo la lluvia maníaca goteando en los canalones. Y la Luna se convirtió en un cisne fúnebre.

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