Líneas rosas 4

La mente que se observa enfermar y se cura escribiendo o pensando.

Schumann, Panero, Frege y Burton comparten algo más que un destino trágico: la conciencia del exceso de conciencia. Todos padecieron lo que podríamos llamar «hybris cognitiva», ese punto donde la lucidez roza la fiebre malsana.

Burton, en «The Anatomy of Melancholy» (1621), hace exactamente eso: convierte la patología en estructura enciclopédica. Escribir -y citar sin fin- es su manera de no sucumbir. El libro es su «pharmacon».

Frege, por su parte, representa el polo opuesto, pero análogo: su locura no es de exceso emotivo, sino de rigor llevado al límite. La lógica se le vuelve candescente laberinto autorreferencial.

Donde Burton cataloga remedios físicos y espirituales, yo clasifico ideas, lecturas y emociones. Ambos practicamos una medicina bibliográfica del yo.

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Escucho a Robert Schumann, «Kreisleriana», Op. 16 (1838) El clima sonoro coincide con la gravedad dorada de mi atmósfera moral.

“These fragments I have shored against my ruins”, Eliot. Todas las edades son contemporáneas en la mente, todos los hombres son un solo hombre: el verso azul y la canción profana, el espanto de los mármoles fríos, todo el rudo ramino en el amarillo circular de un velludo heliotropo.

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