
La mente, como el metal, también se templa enfriándola. Fueron unos años escribiendo la pentalogía y sus anexos, de gran tensión mental. Se me ocurre un «Diario de reposo»; escribir, eso siempre, notas de lectura impresionistas, desde mi sistema solar, o testimoniando sin remordimiento los días iguales que me toquen por vivir (el color del aire, el color de las muchachas, del trigo…)
Volverme un escritor misericordioso; quizá la misericordia sea aceptar, mirar sin querer corregir, como en la cerámica japonesa del kintsugi, donde la grieta se rellena de oro.
