Sin gimotear ni protestar, aceptar sin corregir. Advertir como la textura de la luz cada vez se vuelve menos mortecina, hasta que, poco después, restalla en eucaristía divina. Caminar dando zancadas budistas, no larguiruchas ni nervudas.
Y arabescos color cobalto en los ojos que me permitan ver ¿Paso firme y regular? Paso acompasado a la circulación del universo.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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