Ad hominem 1

“No hay libro tan malo del que no pueda aprenderse algo bueno; ni autor tan perfecto que no tenga algo que enmendar”, Dr. Johnson, The Rambler, nº 4, 1750. «Tengo defectos que veo y deploro, pero no puedo corregirlos sin destruir mi naturaleza”, Leopardi, «Zibaldone», 1821. “Vivimos de revisiones. Escribimos para poder arrepentirnos con elegancia”, Henry James, en carta a H. G. Wells.“No hay nada que no merezca ser tachado. Lo trágico es que, si tacháramos todo lo que no está a la altura de nuestra exigencia, no escribiríamos nada”, Cioran.

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Podría aducir muchas más citas. A veces creemos que la necesidad de corregirse choca con la fidelidad a la propia voz, pero cualquier estilo, a mi juicio, debe ser una forma de arrepentimiento. Si te relees, inevitablemente encontrarás infinidad de imperfecciones respecto a aquel que escribió. La búsqueda de la forma es un trabajo eterno y absoluto.

Montaigne -a quien desearía parecerme, algo imposible- revisaba sin cesar sus «Essais», añadiendo márgenes, retractaciones, contradicciones. Lo hacía no por inseguridad, sino porque la voz viva respira en sus correcciones.

Si evalúo mi obra sin autoindulgencia veo una panoplia enorme de defectos, que desearía resumir en tres:

(i) Densidad léxica. Acaso se deba a mi voluntad de totalidad, a pretender que el mundo quepa en un párrafo. Pero admito que el lector necesita «puentes de tráfico», respiraderos, descansar a veces y tomar aire, en resumen, hospitalidad.

(ii) Batiburrillo temático. Mi desorden obedece a un «ordo amoris» personal. Pero incluso la estirpe de escritores caóticos han calculado la distribución entre orden / desorden. Un poco más de cálculo (insisto) realzaría la eficacia sin desnaturalizar la voz.

(iii) Invectivas ad hominem. El látigo demasiado continuo anestesia o molesta al lector sensible. La crueldad innecesaria no es al caso, es una forma de barbarie. La falta de compasión deshumaniza. Aunque ello obedezca a mi máscara de moralista, debiera haber moderado el tono.

Tal vez si algún día hallo mi propio estilo, entonces me cure de todos mis defectos.

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