Ad hominem 2

El lenguaje violento empobrece el pensamiento; lo vuelve grito, no reflexión. “Golpear con la palabra es admitir que uno no tiene más argumentos que su ira”, Simone Weil, «La gravedad y la gracia» (1947) Y también: “Una palabra dicha con furia es como una piedra arrojada contra un espejo: ya no hay imagen posible”, Czesław Miłosz, «Tierra inalcanzable» (1986) No lo olvidemos.

La relación entre humanismo y uso civilizado del lenguaje es, en realidad, una de las raíces más hondas de la cultura europea: desde el studium humanitatis del siglo XV hasta la filología moderna, el modo de hablar y escribir ha sido entendido como un reflejo directo del modo de ser humano.

Los humanistas (Petrarca, Valla, Erasmo, Pico della Mirandola…) creyeron que el ser humano se realiza a través del lenguaje, porque hablar bien es pensar bien y, por tanto, vivir bien. La «eloquentia» era virtud moral: no se trataba sólo de estilo, sino de civilización interior. “No hay barbarie mayor que la de una lengua bárbara”, Lorenzo Valla. “La verdadera cortesía comienza en la gramática”, Erasmo, «De civilitate morum puerilium» (1530)

La palabra es el instrumento de la razón; usarla para herir es profanarla. El lenguaje grosero delata un alma descompuesta.

Me arrepiento cuando, conducido por la ira o el anonimato de las redes, cuando, preferiendo el tropo brillante a la delicadeza, fui tosco, amargo e incivil.

Deja un comentario