
DÍA DE LAS LIBRERÍAS
“Nada hay más conmovedor que el olor de una vieja librería: ese perfume de esperanza depositada en papel”, Stefan Zweig, «El mundo de ayer». O Walter Benjamin: “No hay mejor destino para un libro que ser hallado por quien no lo buscaba”. Y también José María Álvarez, mi maestro, erudito y altísimo poeta: “Toda biblioteca es un cuerpo de elegancia y tinieblas. Los lomos dorados arden como brasas apagadas de una civilización perdida”.
¿Dónde pesan y reposan las palabras? ¿dónde resucitan las urnas de los muertos? ¿dónde las palabras te reconocen antes que los mismos hombres? En las librerías.
“Los libros me enseñaron lo que yo no sabía: / que la vida se va sin darnos cuenta”, Gil de Biedma.
IN BIBLIOPOLIO
He venido a saludar a mis muertos:
a los que escribieron, y a los que leerán.
A tocar, con las yemas puras, esa lignina
donde aún late el corazón.
Papel y tiempo. Erasmo corrige,
Montaigne conversa,
Cernuda, Larkin, Valéry,
la cena con Cicerón…
Porque una librería -lo sé- no vende libros:
vende tiempo rescatado del fuego.
