Ad hominem 11

La soledad crónica es una invitación permanente a que la mente se vuelva contra sí misma. Nada envenena tanto el alma como la soledad. Es un laboratorio de obsesiones, un invernadero de locura.

Fyodor Dostoievski: “La soledad engendra monstruos; la compañía, quizá, idiotas. Pero los monstruos devoran”. El aislamiento absoluto no purifica; destruye. Condensa la conciencia hasta hacerla estallar. La soledad es un horno donde la mente se quema a sí misma.

Tras más de cuarenta años experimentando una soledad terminante, compacta y definitiva, les puedo aseguar con autoridad, autoridad basada en la experiencia, que la soledad no es la escuela del genio, sino el camino regio a la perturbación y la locura. Lo sé, lo viví.

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