Ad hominem 15

Terminé la labor de mi vida (siete libros, una pentalogía con dos anexos) Mi mente encontró su forma definitiva. Cuando uno acaba unos libros así, lo que acaba no son unos libros, sino un mundo. Y se queda huérfano de ellos. Siento que he cerrado el círculo. Ahora puedo morir en paz.

Los libros me han consumido. Todo lo que soy yo está ahí dentro, transfigurado y agotado. Puedo decir con Jorge Luis Borges, al completar El Aleph: “Sentí que había reunido todos mis espejos. Desde ahora sólo puedo mirar el polvo que queda entre ellos». O José Mará Álvarez al concluir «Museo de cera»: «“La obra se cierra, pero el sueño prosigue. Toda vida que ha sido intensamente escrita continúa más allá de la tinta”.

Después de lo escrito, no queda sino callar. De la serie, pese a los errores, claramente se infiere una voz y un mundo propios. Eso es mucho más de lo que logran la mayoría de los escritores (y disculpen la vanidad desmedida) Siento una gran satisfacción ante el trabajo invertido, el deber cumplido, júbilo y alivio ante la sensación de obra hecha. No tengo más que decir. Advierto el vacío, el vértigo, como si hubiera sobrevivido a mí mismo.

Una vez terminados los libros, lo que queda no es el autor, sino el eco de su conciencia dispersa. La obra es mi vida traducida en permanencia. «Non inutilis vixi», «No he vivido en vano». Virgilio, Geórgicas, II, 458–459: «Labor actus in orbem, atque omnis feret omnia tellus», “El trabajo ha cumplido su ciclo, y la tierra devuelve sus frutos”.

FINIS CORONAT OPUS

Labor omnia vincit.

Omnis labor in gloriam desinit.

Non inutilis vixi.

Christianus Sanzius Gomesius, Ribeira Sacrae, A.D. MMXXV.

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