Ad hominem 8

El investigador, gracias a la BIBLIOTECA INFINITA DE INTERNET, sabe detenerse, copiar un párrafo, abrir un enlace académico, contrastar una edición crítica. Filtra, discrimina, elige e integra la información digital en su sistema de pensamiento, enlazando fuentes, recuperando voces, datando hechos. La búsqueda, la selección, la verificación, la cita, tareas que antes exigían costosos viajes por bibliotecas de toda Europa y América, ahora están a la distancia de tres o cuatro clics. Con este uso de Internet tu mente se llena de ideas nuevas.

Pero semejante uso es muy minoritario. Lo que prima es el secuestro por el algoritmo para salir con la mente más despistada y vacía, el vértigo de la velocidad sin un centímetro de profundidad, el oleaje de los bucles lúdicos y adictivos.

A mi juicio debemos entrar en Internet como un lector, jamás como un adicto. No es una opción fácil, pero, permítaseme la muy exagerada hipérbole, casi es lo único que nos puede salvar como especie.

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