Ad hominem 18

FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

Pienso en cómo las palabras, esos hechizos o victoriosos o cobardes, describen una línea recta y delgada, rápida, a veces inofensiva, a veces cruel, y en cuán terriblemente se comporta la gramática (roja, morada, carenada) al aferrarse a ellas, de modo que al cabo de un tiempo no son dos palabras, sino dos líneas tan apartadas que una persona no puede pasar de la una a la otra, y así el odio y el amor, el miedo y la valentía, la ternura y el horror, la paz y la guerra, los significados y sus contrarios, no son sino sonidos (flatus vocis) que las gentes utilizan para designar lo que jamás podrán entender a menos que sea desde el lado de su linde, hasta (terroso, pajizo, amarronado) hasta incluso que lograran saltar por encima y por debajo, más allá y más acá de la gramática.

NOTA BENE: Frase muy larga y premeditadamente oscura, deleuzeana. Me apetecía, por una vez, ese registro

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