Ad hominem 20

Bueno, pues ya está. Se acabó todo lo que tenía que decir, la obra está acabada.

Escribir es como taladrar la roca: uno golpea y golpea, y a veces sale una chispa.

Aelricus de Montfaucon (s. XIII), «Epistolae de Scriptorio»: «Toda obra es un intento de conversación con los muertos. Cuando escribo, solo espero que alguno responda». Ambrosius de Rocamodur, «Liber Praenotionum»: «El verdadero autor no firma un libro: lo padece». Theophilus de Lunaria, «Tractatus de Umbra Verborum: «El libro no se escribe: se recuerda. Toda buena línea es un regreso de la memoria». Aurelius Siderius (Venecia, 1624), «De Ingenio Solitario»: «Lo que he escrito es la parte de mí que sobrevivirá cuando yo ya no sea ni memoria».

Buenas noches y buena suerte.

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