
No soporto más este Tiempo de Impostura, esta Miasma Negra de Murciélagos Enfermos, este Contaminado Océano Gris Feudal. Puedo decir con Valle-Inclán: «Nunca he sentido una voz que me diga: No seas pobre. Hazte rico…Solo he oído la voz que me aconseja: escribe bien y sé independiente». El dinero avillana el estilo y empequeñece todo ideal estético.
Valle-Inclán vivía en un cuartucho pequeño, con una cama en el suelo y una caja como mesa de noche. Tenía en la pared tres o cuatro clavos, en donde estaba colgada toda su ropa. A pesar de vivir en aquella miseria negra, era libre, nunca vivió sometido a ninguna servidumbre.
Qué diferencia con esos escritorzuelos apegados a la fama y el dinero, con los pelotas cucañistas que hacen «carrera» vendiéndose por una casa con piscina. Afortunadamente yo no necesito dinero, y, si lo necesitase, nunca me humillaría por un plato de lentejas.
Siglo terrible, imposible para la belleza y la inteligencia. Se busca más la sujeción que la libertad, el ruido antes que la creación, la obediencia a la heterodoxia, la pobreza expresiva más que la exploración. Hay que hacer que se amen los buenos libros, y las ideas que duermen en ellos. La masa popular apenas reflexiona. Los políticos populistas triunfan entre seguidores incultos. Los universitarios caen en la alienación de la imagen y las redes.
Por doquier uniformidad de costumbres y pensamiento. Una especie de chicle gigantesco devoró la mente de los jóvenes y no tan jóvenes. Idiotas virtuales, viviendo una idiota realidad paralela.
¡Cuánto cambió el mundo! Cambio climático, tiranía de grandes emporios económicos, burdo catecismo tecnológico, aumento de la IA a costa de la libertad, peligroso quiste inmigratorio, metamorfosis de valores, y desaparación de la cultura libresca (disminuye la democracia si y solo si baja la cultura del libro)
Pronto moriré y me alejaré de tanta hedionda carroña. Me alegro de no haber triunfado como escritor; mi medida no se aviene con el vulgo. Espero tranquilitamente la muerte refugiado en mi biblioteca ¡Qué epoca tan hondamente estúpida!
