Ad hominem 25

Es difícil creer que una cultura pueda sobrevivir al persistente abandono de las formas superiores de vida. Además, cuando las artes dejan de ser objeto de plegaria, se convierten en mercancías. Hannah Arendt, «Between Past and Future» (1961): «La cultura se relaciona con objetos y es un fenómeno del mundo; el entretenimiento se relaciona con seres humanos y es un fenómeno de la vida». O Neil Postman, «Amusing Ourselves to Death» (1985): «Somos una cultura alimentada por el entretenimiento; la política, la religión, las noticias y la educación han quedado irreversiblemente infectadas por él».

Se nos quiere mantener e imponer la vulgaridad. Resistamos. Las víctimas de la manipulación mental no saben que lo son. Para ellas, los muros de su prisión son invisibles. Hagamos visibles esos muros. Gustave Flaubert, en carta a Louise Colet (1853): “La humanidad no quiere la verdad, sino la ilusión”.

Los medios de comunicación deforman la realidad abocándonos a unos contenidos culturales muy pobres y aceptados pasivamente. La educación es la que hace a los hombres buenos ciudadanos y, hoy en día, la crisis de la educación es realmente pavorosa.

La lectura funciona como un simple pasatiempo: la gente quiere divertirse, no formarse. Un lector solitario constituye un acto de resistencia. Resistamos. Nos estamos volviendo incapaces de pensar fuera del aparato técnico que nos moldea.

Flaubert: “Odio a mi siglo: es pequeño, mezquino, utilitario, sin grandeza”. Cioran: «Nadie que piense puede permanecer en el mundo sin sentir náuseas”. Schopenhauer: “Siempre he considerado al vulgo como un enemigo de la verdad y de la belleza”. José María Valverde: “Hay épocas cuyo aire intoxica: todo conspira contra la inteligencia”. George Orwell: «Cuando muere la libertad de pensamiento, la literatura la sigue». Giorgio Colli, «Después de Nietzsche» (1974): “El siglo moderno ha perdido la capacidad de escuchar la voz profunda”.

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Recordemos a Fray Amadeo de Villacendra († ca. 1312) Monje benedictino, copista y lector de las Escrituras en el monasterio de San Cucufate de Ávila.

Fray Amadeo de Villacendra, nacido hacia 1248 en la aldea abulense de Navaluenga, fue un benedictino de carácter adusto y temperamento contemplativo. Entró al monasterio de San Cucufate de Ávila en 1264, donde ejerció como copista, bibliotecario menor, y más tarde como lector para los novicios.

Sus escritos supervivientes son fragmentarios: un opúsculo incompleto, «De Abjectione Mundi», varios sermones para Cuaresma y unas «Notae in Prophetas Minores». Murió en 1312, según la crónica monástica, “con el salterio entre las manos y la indignación aún viva por los extravíos del siglo”.

En «De Abjectione Mundi», fol. 7r–8v escribió:

“In diebus nostris, porci in luto sapiunt plus quam homines in adytis sapientiae. Omnis plebs quasi grex immundus ad strepitum curvat, non ad verbum; et litterae, olim sicut lucernae, nunc iacent in pulvere, despectae sicut ossa canum. Vidi clericos ineptos et nobiles vanissimos, et intellexi tunc verbum propheticum: ubi non est amor sapientiae, ibi regnat imbecillitas mentium. O misera generatio! Nascimur inter libros, sed vivimus ut sues in caeno”.

«En nuestros días, los cerdos en el fango saben más que los hombres en los santuarios de la sabiduría. Todo el pueblo, como hato inmundo, se inclina ante el ruido y no ante la palabra; y las letras, que antes fueron lámparas, yacen ahora en el polvo, despreciadas como huesos de perro. He visto clérigos ineptos y nobles vanísimos, y comprendí entonces la palabra profética: donde no hay amor por la sabiduría, reina la debilidad de las mentes ¡Oh generación desdichada! Nacemos entre libros, pero vivimos como puercos en el cieno».

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