Ad hominem 40

Los mejores poemas que leí en mi vida no los encontré en una biblioteca, ni en una editio princeps, ni en Gredos, ni en Oxford Classical Texts, sino en retretes o lavabos de discotecas, bares, pubs y lugares públicos.

En la discoteca Atlántida, de Sitges, escrito en la puerta del baño con rotulador negro, leí: «Que le vaya bien al que ama. / Que perezca el que no quiera amar. / Y que perezca el doble». Asombroso. En la estación de Sants, antes de que privatizaran los lavabos, encontré esta maravilla: «Aquí chupé muchos penes. / Aquí me encularon muchos. / Por qué lo hago, quizá te preguntas: / el placer solo guia mi virtud». Y en los aseos de la Biblioteca Nacional, hallé lo más extravagante, ¡un grafito erótico helenístico! Escribió el anónimo erudito, sin traducir: «Καλλίστης εἰμί μανίας.», «Soy la locura más hermosa».

También recuerdo ripios memorables y jocosos: «“No soy poeta ni espero, / pero aquí me inspiro entero”. «Quien aquí planta un pino / después se menea el pepino”, «“Estudio poco, duermo mal; / chúpamela, que cateo igual”.

En fin, todo excelentes muestras de «Lírica Parietal”, poesía escrita en paredes, del latín «paries» (pared)

Nada describe mejor a un pueblo que lo que escribe con prisa en un baño. El genio de los poetas anónimos entre olor a orines.

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