
Seguramente, entre los peores poetas de la historia, se encuentra Ulperto de Abenuz (1811–1870) Nacido en la comarca portuguesa de Tras-os-Montes, Ulperto se autoproclamó “el Shelley de Braganza”, aunque no sabía inglés y pensaba que spleen era un tipo de bacalao seco (confidencia de su sobrino Teófilo)
Escribió poemas encendidos a su prima Leocádia, comparando su amor con embutidos, guisos y potajes locales.
Una muestra de su desinhibido verso:
«Tu amor me aprieta la vida
como una morcilla ardida».
«Ella era blanca, muy blanca, tan blanca
que parecía harina en saco».
«Tus ojos son dos faroles
que alumbran mis sinsabores».
«Leocádia, flor de repollo,
que guiso, amo y como».
«Como un cocido bien hecho
te robo un beso.
Amor, a lo hecho, pecho».
Estos versos, que hoy provocan una risa difícil de contener, fueron leídos en su época con una mezcla de estupor, ternura y vergüenza ajena.
El crítico Fructuoso Magalhães, en su célebre panfleto «Observações sobre um Desastre Lírio» (Oporto, 1856), escribió: “Ulperto confunde a mulher com o porco, a paixão com o tempero, o suspiro com a cebola dourada. Não é poeta: é um cozinheiro sentimental sem noção de metáfora”.
Más duro aún fue Tomé da Cunha e Silva, en «A Desolação Estética de Tras-os-Montes» (Lisboa, 1862): “Ler Ulperto é assistir a um cozido mal cozido. Primeiro cheira bem, depois cansa, por fim dá azia”.
A pesar de ello, Ulperto perseveró. Ignoró críticas, burlas y advertencias.
Un poeta cuyo verso terrible es una oscura obra maestra involuntaria del desastre cómico. Fue tan malo que creó un género.
Honores a Ulperto.
