Ad hominem 45

Soy un tipo hecho de sensaciones súbitas, de ráfagas de luz y sombra, de voces (a veces imaginarias) que vienen de muy lejos. No tengo una sustancia fija: cambio, oscilo, vibro; me fugo de una esencia permanente. Mi mente es un estanque sobre el que apedrea un granizo continuo de impresiones. A veces me observo como desde un acantilado y me digo: éste soy yo, esa serie de movimientos, ese temblor infame. Y otras veces no me reconozco en absoluto. Todo en mí es tránsito y remolino. Nada y nadie.

Estoy hecho de miedo, de locura, de escrúpulo y de un sentimiento de insuficiencia. Habito más el pensamiento que el mundo. Me he sentido desde joven como alguien que vigila y traduce, que toma el pulso a las ideas y escucha la respiración o trama de los siglos, y poco el flujo de la vida. Apenas sensitivo. No sé quién soy. Dicen de mí que soy noble y bonachón, pero percibo que vive dentro de mí algo abyecto, una tara, una rata. Soy solitario, gordo y tristón.

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