Ad hominem 49

«Si me dieran a elegir entre leer y escribir, elegiría siempre leer. La lectura es la forma más íntima de la amistad: uno entra en la conciencia de otro, pero sin estorbarle. Cuando leo, soy libre; cuando escribo, en cambio, estoy atado al deber, a la responsabilidad de esa página en blanco que exige un orden. Leer es una felicidad más honda, más secreta, más parecida a la de estar vivo sin tener que justificarse. Escribir, en cambio, me obliga a justificar lo que soy», Borges.

«Si yo pudiera, viviría entregado únicamente a la lectura. En los libros encuentro un reposo que la escritura me niega. Leer es recibir; escribir es desgarrarse. La lectura, cuando es profunda, me vuelve un contemplador; mientras que la escritura me convierte en un obrero que suda, que se golpea contra la frase que no quiere ceder. A veces pienso que nací para leer, y que la escritura es un castigo accesorio», Flaubert.

«¿Qué otra cosa deseo sino leer? Leer sin interrupción, leer sin obligación de producir nada. Cuando leo, todo parece tener un sentido secreto; cuando escribo, en cambio, debo inventarlo. La escritura me disloca, me exige, me vacía, mientras que la lectura me eleva a un territorio donde no soy responsable de nada. Si la vida fuera sólo leer, quizá yo sería un poco más tolerable para mí mismo», Kafka.

«No escribo para tener libros; escribo porque los libros que leo me obligan. Confieso que hay días en que preferiría perder todo lo que he escrito con tal de conservar todo lo que he leído. La lectura me transforma más que ninguna página mía: me sacude, me agranda, me irrita, me pone frente a mis flaquezas. La escritura, en cambio, me estrecha, me vuelve calculador, me convierte en alguien que mide cada palabra. Si fuese un hombre libre, solo leería», Elias Canetti.

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