Ad hominem 60

Yo trabajé algo más de 20 años en la DGSE. Leía, analizaba y redactaba informes. Al jubilarme, perdido en la vida, pretendí que el resto de mi existencia se ciñera a leer y estudiar, un modo de vida que me parecía (y parece) especialmente poco envilecedor. Pero se reactivó mi juvenil vocación literaria y Facebook fue el lugar regio de la vida literaria, al igual que una experta y nutrida escuela de escritura.

Por lo que todos ustedes merecen mi agradecimiento más hondo, la cordial bujía iluminada del afecto. G. K. Chesterton: «La gratitud es la más exquisita forma de cortesía. Pero para mí es algo más: es la respiración misma del alma. Cuando dejo de agradecer, dejo de ver; las cosas se vuelven opacas. Solo el agradecimiento vuelve transparente el mundo. No se puede ser infeliz y agradecido a la vez: la gratitud es la salud del espíritu».

La duda me libra de los dogmas; la gratitud de la soberbia. El que agradece sabe que no es dueño de sí mismo del todo, que recibe más de lo que cree dar ¿Agradecer? Como quien enciende una lámpara en un cuarto donde se había perdido la llave.

Como escribió Don Silvestre de Valdearenas (1734–1799), ilustrado español: «Agradecer es un arte del ánimo, no de la lengua. Muchos pronuncian gracias como quien se sacude el polvo del camino; pocos la dicen con la plenitud de quien reconoce que un bien recibido lo mejora y lo obliga moralmente. Agradecer es aceptar que no somos suficientes por nosotros mismos».

Así que, apuntando con mi corazón a cada uno de sus mullidos corazones, GRACIAS A TODOS. GRACIAS DE VERAS.

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