
Christian Sanz, aparente escritor de Facebook, no es tal escritor, sino un ex-analista de inteligencia que sigue comunicándose con su equipo mediante códigos insertados en publicaciones aparentemente literarias.
Publico un post supuestamente inocente para que un agente lo decodifique después. Algo como: «La luz es la sonrisa de la materia», en realidad significa: “Caja 12 reactivada. Analizar tráfico. Esperar indicaciones”. Si publico sobre libros raros, tipografías, pergaminos, imprentas antiguas…mi equipo sabe que estoy enviando información sensible. Así, si escribo “Garamond”, ellos leen: “informe preparado”. Cuando escribo “Baskerville”, leen: “riesgo”. Cuando digo “papel ahuesado”, leen: “cierre de operación”. Mis comentarios breves a amigos escritores no son comentarios: son indicaciones operativas camufladas como cortesía o comunicación literaria.
Cuando me retiré, mi equipo necesitaba un canal de comunicación discreto. Nada de satélites. Nada de canales cifrados de tipo militar. Demasiado obvio, demasiado vigilado. La solución fue tan absurda como brillante: utilizar mis posts literarios como mensajes encriptados.
Inventé protocolos secretos:
Sistema L.A.M.P.: la tercera palabra de cada párrafo activaba una orden.
Método Scriptorium: el siglo del autor citado indicaba el tipo de acción.
Operación Me Gustas: las reacciones de los lectores funcionaban como semáforos tácticos.
Código Hórreo: cualquier referencia a Galicia señalaba una ubicación.
Variante Ita: una foto de Ita era, en realidad, una alerta de Nivel 2.
La gente ve literatura donde solo hay logística o heurística de servicio de inteligencia. La tecnología empleada es el Cifrado Esteganográfico L.A.M.P. (Literary Asymmetric Messaging Protocol), parcialmente desencriptada por el C.N.I.
