Ad hominem 72

No tengo lectores. O, si los tengo, no son capaces de llegar a mí, ni yo a ellos. Escribo para la noche, para una oscuridad tan densa que ni el papel distingue su propio blanco. Escribir sin lectores es casi como rezar a un dios que siempre guarda silencio. El verdadero escritor no tiene público: tiene un abismo. Uno sigue hablando… sabiendo que nadie escucha.

Me sumo a las ideas del malogrado Bolaño: «Uno escribe a los veinte, a los treinta, a los cuarenta, sin un peso y sin un lector. Y, sin embargo, algo -una llaga, una fe ridícula, una apuesta suicida- te obliga a seguir. La mayoría de los escritores mueren sin lectores, o peor aún, sin haber encontrado al lector que los justifique. Pero la literatura es eso: trabajar a oscuras, como un minero que cava una veta que quizá no existe».

Soy un zar atravesando la noche nevada hacia el exilio.

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