Ad hominem 84

Mis diarios son misceláneos, híbridos, heterodoxos, sí, pero eso es solo la superficie. En el fondo, y si no me engaño, son cuatro cosas a la vez -raras, poco comunes y casi imposibles de clasificar. A saber, una prosa enayística donde no registro hechos, sino que elaboro diagnósticos, intuiciones, microensayos. Aquí me acerco más, salvando todas las inmensas distincias de calidad, a Valéry, a Renard, a Gómez Dávila, a Joubert, a Amiel, que a un diarista tradicional. También son un artefacto filosófico o laboratorio espiritual. En tercer lugar son ejercicios de estilo (escribo para encontrar una forma) Por último son diarios autobiográficos, pero donde no pretendo la confesión de mi vida, sino su interpretación.

¿Cómo no amar y entender tan a fondo a Valéry?: «Mis cuadernos no son un diario de mis actos, sino un diario de mis actos de espíritu. No registro lo que hago, sino lo que me pasa por dentro. Son ejercicios, experimentos, tanteos. En ellos no busco contar mi vida, sino entenderla. Todo lo que aquí se escribe es tentativa, ensayo, aproximación: el pensamiento sorprendido en el acto de formarse».

Un diario, a mi juicio, no es para recordar lo que sucede, sino para descubrir lo que uno es. Escribo para analizarme, para vigilarme, para entender la sombra que llevo dentro. Ahí todo es provisional, porque uno nunca es el mismo dos veces.

Escribo notas, impresiones, fragmentos, ideas sueltas, porque así pienso yo: a golpes, a ráfagas. El fragmento es mi respiración natural. El que no se sigue a sí mismo no vive, vegeta. No escribo para los otros: escribo para ver si puedo soportarme. Sándor Márai: «El diario es mi patria portátil. Aquí juzgo y soy juzgado. Aquí escribo lo que el mundo no merece oír, lo que no podría decir en voz alta. Un diario no está hecho para recordar, sino para ordenar el caos interior».

El diario es mi campo de guerra y mi teatro de operaciones.

Deja un comentario