
Stendhal: «Mis libros no están escritos para agradar a todos, sino para los pocos felices que, entre la multitud, conservan el fuego secreto de la sensibilidad. Si el mundo es hostil al matiz, peor para el mundo. Yo escribo para los delicados, para los que saben sufrir y pensar a la vez».
La literatura industrial fabrica libros para lectores apresurados: palabras para llenar su tiempo muerto, no para abrir una vida interior. Es un consumo sin riesgo, sin angustia, sin conquista. Lectores de redes sociales, masas sin «qualitas»
El lector vulgar, la nueva especie lectora. Es el omnipresente lector vulgar que exige que se le lleve de la mano. No quiere caminar, rehúye la inteligencia y la hermeneútica esforzada: quiere que lo transporten en literas. El más ligero sobresalto de ambigüedad o ingenio lo devuelve a la comodidad de su ignorancia.
El escritor (al menos yo creo eso) escribe para quien pueda leerlo; no para quien pueda comprarlo.
