Ad hominem 96

Nulla dies sine linea. Los días sin escribir son los verdaderamente oscuros. Como si la vida hubiese pasado debajo de un túnel. Días -sine linea- aterradores, porqueriza de habitaciones cerradas que se van por los sumideros de la conciencia. Uno siente que el mundo sigue girando indiferente, pero que nosotros quedamos fuera, expulsados de la noria, trasterrados en un país frío y helado. No hay vacío más doloroso que, sentado en la mesa de tu despacho, no encontrar la chispa mínima que enciende una frase. Uno teme esa mudez como una mutilación profunda. El vacío que deja un día así es mayor que el cansancio de treinta días de trabajo. El día pasado sin escribir es un día que nunca se vivió.

Deja un comentario