Ad hominem 97

«Scribo ergo vivo. Mientras escribo, el mundo tiene un centro. Cuando dejo de escribir, se deshace, y yo con él», Edmund Stapleton Hartley.

«Mi vida es la escritura. No puedo separar una cosa de la otra. Cuando no escribo, estoy muerto; y cuando escribo, revivo. Toda mi existencia depende de la posibilidad de que, al sentarme ante la mesa, algo —no sé qué— acuda a mí. Si la palabra no viene, la vida pierde su espesor y su peso. El día sin escribir no es un día perdido: es un día inexistente, abolido, como si jamás hubiera pasado por mi cuerpo. Soy un ser compuesto únicamente de voluntad de escribir; todo lo demás es añadidura o fingimiento», Kafka.

«Cuando no escribo, siento que la vida se me vuelve inasible, como si me escurriese entre los dedos. Escribir es el único modo que tengo de fijar la experiencia, de volverla real. Necesito las palabras para existir, para saber qué soy, qué siento, cómo respiro. En el silencio de los días sin escritura, la vida se vuelve una superficie plana; no hay hondura, no hay movimientos interiores. Solo cuando escribo recobro el pulso y la respiración de mi verdadero yo», Anaïs Nin.

«Si no escribo, el día se ahueca, se desmorona. Nadie comprende que para un escritor la esterilidad no es falta de oficio, sino falta de vida. Todo en mí se apaga cuando no trabajo, cuando no esfuer­zo el alma en arrancarle una frase a la noche. Escribir no es oficio: es respirar. Y cuando la respiración falla, todo se vuelve fúnebre, incluso el sol», Cesare Pavese.

«No hay placer comparable al de trabajar con el lenguaje, y no hay sufrimiento más agudo que el de no poder hacerlo. Cuando no escribo, me siento descarnada, fragmentada, como si me hubieran expuesto a la intemperie. La escritura es la forma más intensa de atención, y en esa atención estoy completamente viva. Por eso temo tanto los días de silencio: son días de dispersión, de muerte parcial», Susan Sontag.

«Hay quienes viven para escribir y quienes escriben para vivir. Yo sólo vivo cuando escribo: lo demás es tránsito, trámite, residuo», Elias Mendelssohn Hartmann.

«No sé lo que pienso hasta que lo escribo; y, mientras escribo, vuelvo a la vida desde un lugar del que siempre temo no regresar», Marc Colell.

«Cuando no escribo me siento como si estuviera bañándome en agua hervida; al escribir, el mundo recobra su benévola temperatura», Emil Man Martínez.

«La vida es un bosque cerrado; la escritura, el claro donde respiro.

No escribo para recordar la vida: escribo para que exista.», Antoine d’Aubigné.

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