Ad populum 7

La mujer es más propensa a la histeria por la humedad de su naturaleza y la inestabilidad de su matriz, declaró un famoso sabio. Y Aristóteles, en «La generación de los animales», II, 3, declara un extraño -visto desde nuestra época- credo: «La mujer es, por naturaleza, un varón mutilado».

Recordemos a Philibert de Montargis (1622–1671), poeta menor del reinado de Luis XIII y primeros años de Luis XIV, apenas citado por dos o tres eruditos del siglo XIX, que lo tomaron por excéntrico o lunático. Frecuentó los círculos libertinos de principios del XVII, pero en lugar de entregarse a los placeres sensuales -como Théophile o Saint-Amant-, los condenaba con furia ascética.

Su obra maldita es un extraño opúsulo escrito en latín macarrónico: «De Virorum Emasculatione pro Salute Orbis, sive Dissertatio Poetica qua ostenditur melius esse genus humanum aboleri, ne ulla femina umquam gustet voluptatem maris». En él razonó que el placer es la raíz de todo mal, que la carne del hombre es «peligrosa», porque hace feliz a la mujer y que toda felicidad femenina es, en esencia, un escándalo metafísico. La única solución es “extinguir la fuente viril” (emascular, capar al varón) desde la infancia, para que la vida humana se agote suavemente.

Misántropo y misógino, acaso con una sodomía reprimida, dejó estas perlas sobre las mujeres: «Ninguna criatura bajo el cielo es tan sucia como una mujer en privado», y «Allí donde haya mujer, hay engaño», y «La mujer es un animal que, por mucho que se la adorne, revela siempre su naturaleza, y solo se inclinará a la charla, la vanidad y el lujo».

NOTA BENE: En 1873, el erudito e historiador de la literatura francesa Édouard Lalance, publicó una nota afirmando: «Montargis est un Schopenhauer sans metaphysique, un misanthrope qui ne rêve que l’extinction. Il a voulu faire rire, peut-être; il n’a réussi qu’à effrayer», «Montargis es un Schopenhauer sin metafísica, un misántropo que solo sueña con la extinción. Quizás quería hacer reír a la gente; solo logró asustarla».

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