Ad populum 21

La manía puede liberar fuerzas que normalmente están constreñidas por la inhibición. Creo que estoy pasando por esa fase efusiva. No puedo cesar de idear y escribir. Soy como un paciente que, en plena locura, escribe y emborrona sin tasa ni medida: páginas y páginas que mezclan delirios vivos con raras intuiciones. No es creación propiamente dicha -pues acaso faltan la forma, la regla académica, el juicio, la corrección-, pero es indiscutible que la enfermedad en algunas ocasiones derriba esas enigmáticas paredes que durante años bloquearon el flujo de ideas.

La irrupción psicótica no solo quiebra tu mundo, sino que revela zonas de experiencia inaccesibles para la conciencia ordinaria. Cuando Van Gogh pinta el cielo arremolinado, no debemos reducirlo a un mero síntoma, sino comprender que el cuadro es un esfuerzo trágico, a saber, el esfuerzo de pretender hacerse comprensible a sí mismo.

Bleuler creía que el esquizofrénico no es un demente precoz, sino un sujeto cuyo mundo interior ha perdido la cohesión habitual. Vive entre símbolos, construcciones imaginarias, intuiciones bizarras y privadas evidencias súbitas. Lo que para el clínico aparece como asociación laxa, para el enfermo puede ser experiencia estética o reveladora. Nuestro deber no es poetizar su dolor, nos informaba, sino comprender que su mente funciona en un registro distinto, no necesariamente inferior.

«Hay días en los que siento cómo la mente se me deshilacha, hilo a hilo; la claridad se enturbia, las voces se acercan sigilosas. La depresión no es tristeza: es una desposesión del mundo. El pensamiento se opaca, se vuelve inútil. Y, sin embargo, en medio de ese vaciamiento, escribir es el único acto que aún puedo gobernar, la última forma de unidad que conservo», V. Woolf.

La palabra, a veces, todavía me enciende y sube más la fiebre; las palabras como bengalas que lanzo desde un isla que nadie percibe. Entonces mi mente, como un péndulo, oscila entre la exaltación mística y el abismo infernal. De mi desorden nervioso se apodera un pacto contra natura firmado con las sombras y los ángeles. El exorcismo, queridos, es mi enfermedad favorita. El jugo que alimenta mis frases jadeantes y golpeadas proviene de la infección irreversible de mi cerebro.

Supuro literatura si y solo si estoy loco.

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