
Cuando leo, me retiro y abstengo del mundo (alcoba colorista y gabinete latebroso) Las voces humanas se apagan como si quedaran al otro lado de una puerta pesada. La luz misma parece cambiar; el libro establece su propio clima. No es solo el pensamiento lo que avanza; el cuerpo se acomoda, la respiración se vuelve más lenta, incluso las pasiones se ordenan de otro modo. Leer es entrar en una cámara donde cada palabra es una llave y cada frase una forma de volver a nacer por un instante (luz de laúd y arpa, luz del brillo del roce de las ropas de los cuerpos)
Un acto casi litúrgico. No es un ejercicio de consumo, sino un encuentro que demanda cortesía, atención, tiempo, disposición y a veces temblor (homalógrafo). Al leer, permitimos que un muerto o un no presente hable en nuestra intimidad más secreta, a nuestro yo más secreto, a nuestra intimidad más recóndita, y no hay experiencia cultural más sorprendente que ésta: las palabras de alguien que no está aquí modificando y ensanchando la textura de nuestra alma (dinamómetro, espectómetro, afectación de gravedad y pompa)
No leo para saber lo que otros han pensado, sino para despertar en mí pensamientos que dormían, para oír mi propia voz resonando contra las palabras ajenas. Cuando un libro me toma, siento que el mundo se estrecha y que la luz del día se convierte en un punto remoto: todo pasa entonces dentro de mí, como si el libro me habitara. No hay acto más solitario ni más acompañado que la lectura (choza cilondrocónica hecha de nieve)
Leer es permitir -hermoso y sólido cutis- que, en soledad, se organice la capacidad de dirimir, sopesar, evaluar, y sentir, y que uno logre ese milagro liberado de cadenas, con plena soberanía y libertad. Entoces todo se ordena y aquello que antes era confusión se revela con una claridad que casi asusta. Entonces, más que comprender, uno siente que es comprendido por algo mayor que él.
Leer a fondo, como ejercicio orante, cegado por la combustión de las palabras, tal si una mano invisible descorriera un velo, hasta sentir que cada cosa está en su sitio desde siempre, y que no puede ser de otro manera.
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La casa en silencio y el mundo en calma.
El lector se hizo libro y el verano, noche.
Era como el ser consciente del libro.
La casa en silencio y el mundo en calma.
Palabras leídas como sin libro:
sólo el lector inclinado sobre la página.
Que quiere apoyarse y más aún ser
el estudioso para quien su libro es verdadero
y una noche de verano es perfección del pensamiento.
La casa en silencio como tenía que estar.
Quietud que es significado, parte de la mente:
acceso de la perfección a una página.
Y el mundo estaba en calma. La verdad en un mundo en calma, donde no existe otro significado, él mismo
es calma, él mismo es verano y noche, él mismo
es el lector inclinándose hasta tarde y leyendo allí.
Wallace Stevens.
