Ad populum 30

«Cuando concluyo un libro, mi alma queda como una casa después de un incendio: ennegrecida, desierta, con olor a ceniza. He vivido tanto dentro de mis páginas que, al cerrarlas, pierdo mi morada. No siento alegría, ni alivio, sino un vacío parecido a la muerte ¿Qué hacer con los días que no se llenan ya de mis personajes? ¿Dónde poner la atención, la cólera, la ternura que los alimentaba? Uno acaba y se convierte en un fantasma de sí mismo», Flaubert, carta a George Sand.

«Cuando termino un libro quedo a la intemperie. Es como si me hubiera desnudado y ahora no supiera vestirme de nuevo. No siento orgullo, ni felicidad, ni alivio: siento un hueco inmenso en el pecho, una soledad infantil. Me asusta la vida sin la compañía del libro que ya no escribo», Clarice Lispector. Entrevista.

«Acabar un libro significa desmantelar el andamiaje mental que lo sostenía. Durante meses uno ha vivido inmerso en una lógica, en un clima, en un sistema cerrado. Al poner el punto final, ese edificio se derrumba y el escritor queda rodeado de escombros. Es un vacío difícil de explicar: una mezcla de alivio y de pérdida», Juan Benet, “Otoño en Madrid hacia 1950”.

«Cuando acabo un libro, lo dejo sobre la mesa como quien deja un objeto que ya no le pertenece. Durante días siento una gran vaciedad, una especie de suspensión. He estado tan entretenido con la disciplina diaria de escribir que, al terminar, el tiempo se me vuelve demasiado largo. No sé qué hacer con las horas ni con la memoria», Josep Pla, «El cuaderno gris».

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