Tu quoque 17

Una calle se atraviesa con prisa. Un gran libro (extensiva e intensivamente) requiere de un abandono semejante al de un aventurado y largo viaje; con días de cansancio, de distracción, y otros de hastío incluso; pero también hay momentos en que el libro se abre como un paisaje recién llovido y sentimos que estamos felizmente dentro de aquella amplitud de ánimo que Aristóteles llamó «magnanimidad». Antes de leer «Guerra y paz» no eres el mismo que después de leer «Guerra y paz».

Los grandes libros -y casi siempre fueron grandes también en extensión- no admiten una lectura rápida ni utilitaria, sino demorada y paciente (no viene mal una convalecencia por enfermedad, un retiro o un año sabático solo para lecturas canónicas) Leerlos es una forma de disciplina; aprender lentitud, no arredrarse ante la dificultad, convivir con aquello que no se comprende del todo. Quien no ha vivido con un libro durante meses, quien no ha regresado a él cansado, pero pese a todo fiel, no ha conocido, a mi juicio, plenamente la experiencia lectora.

Ortega reflexionó al respecto en sus «Meditaciones del Quijote», Cátedra, pág. 213-214: «La lectura de una obra larga es un ejercicio de perspectiva. No se trata de entender cada página aisladamente, sino de mantener vivo el sentido del conjunto, cosa que exige paciencia, memoria y una forma de atención poco frecuente en nuestro tiempo. Un libro voluminoso educa al lector en la lentitud; le obliga a suspender la prisa, a demorarse en una arquitectura intelectual que solo se revela al final del recorrido».

O Rafael Sánchez Ferlosio, en «Vendrán más años malos y nos harán más ciegos», Destino, pág. 80: «La extensión de un libro no es un defecto, sino una forma de resistencia. Leerlo exige una disposición que hoy se ha vuelto rara: aceptar que no todo puede ser comprendido de inmediato, que hay zonas opacas, reiteraciones, desvíos. El lector de libros largos aprende a soportar la complejidad sin exigirle rendimiento inmediato».

No es fácil dominar un libro gordo. En estos tiempos de ligereza y desatención la tarea se vuelve especialmente complicada. Frente al avance mecánico reivindico la elaboración morosa de la mente. El libro debe depositarse en nosotros, por sutil decantación. Es hermoso lograr algo sin recompensa inmediata. La lectura de una obra extensa se opone a las ideas implícitas de Internet y el mercado.

El Profesor Lorenzo Battisti, del Dipartimento di Filologia Classica e Italianistica de la Università di Bologna, especialista en didáctica avanzada de la lectura, teoría de la lectura lenta, historia cultural del libro y prácticas de alfabetización profunda en la era digital, escribió hace poco un muy importante «paper» al respecto. La referencia bibliográfica exacta es: Battisti, Lorenzo (2024), “Against Fragmentation: The Cognitive and Ethical Value of Long-Form Reading”, New Literary History, vol. 55, n.º 3 (Summer 2024)

Recomiendo también los estudios recientes sobre «deep reading» de Maryanne Wolf, consultables en línea.

Uno de los temas de nuestro tiempo.

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