
Contemplo la luna. «It´s too romantic». La luna es el espejo de nuestra mortalidad. Su mirada es tranquila, distante, como si supiera algo que nosotros no podemos recordar. Belleza ajena, como un amigo que no nos necesita. Y, sin embargo, basta mirarla para sentir que algo en nosotros se vuelve más verdadero. Noches (herrerías y granjas) sofocadas por nuestra adolescencia. Disuelta perla de agua cayendo al pozo de los cuerpos. «È proprio vero!»
Cesare Pavese, «El oficio de vivir», Seix Barral, pág. 44: «Mirar la luna es siempre volver a la infancia, pero no a una infancia feliz, sino a una en la que ya sabíamos que el mundo no iba a explicarse del todo. La luna es una costumbre antigua del espíritu».
