Tu quoque 41

No vivo, me examino viviendo, me examino con una recurrente dimensión obsesiva. Cada pensamiento genera otro pensamiento que lo juzga y dirime, y ese metajuicio genera otro metametajuicio que lo condena y asfixia. La vida nerviosa funda mi interior. El neurótico no siente menos, siente por exceso. Y ese exceso, que destruye la felicidad cotidiana, acaso nutra mi vida artística.

Soy un analista, un cobaya de la ansiedad. Pero el sistema nervioso se rebela. Todo me hiere, todo me afecta, todo se vuelve susceptible de alarma. La multitud, la soledad, el silencio, el ruido, todo representa un continuo problema para mí. La obsesión es multívoca y fecunda.

Apártense de mí.

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