Tu quoque 51

«Publicar demasiado pronto es una forma de traición a uno mismo. El escritor joven quiere existir para los otros antes de existir para su obra. La vida literaria, los círculos, las lecturas públicas, todo eso distrae de lo esencial: sentarse solo ante la propia insuficiencia. Escribir es una forma de oración. Y nadie ora para ser visto», Kafka.

«El joven escritor suele creer que tiene algo importante que decir. Grave error. Lo único verdaderamente importante es cómo lo dice. La fama es una enfermedad cutánea: superficial, visible y sin relación con los órganos vitales del arte. La literatura no nace del deseo de comunicar, sino del placer de construir», Nabokov.

«Quien entra en la literatura esperando gloria inmediata se expone a una larga humillación. El aplauso rara vez coincide con el mérito, y el mérito rara vez coincide con la juventud. La paciencia es el primer deber del escritor, y también el más difícil», Samuel Johnson.

«La juventud literaria suele ser pedante, impaciente y presuntuosa. Cree que el talento es una credencial suficiente y que el mundo le debe atención. Se habla mucho de vocación, pero poco de resistencia. La literatura no es una escalera para subir, sino un camino para desgastarse. El que entra esperando recompensas se amarga pronto. En España hay demasiados jóvenes que quieren ser escritores y muy pocos dispuestos a vivir como tales», Baroja.

«El joven escritor quiere vivir de escribir antes de saber escribir. Quiere que la literatura le alimente cuando aún no la ha alimentado él. El peligro no está en la pobreza, sino en el cálculo. Cuando se escribe pensando en el efecto, en el público o en la crítica, la literatura se vuelve un truco. El verdadero escritor es siempre un poco amateur, incluso cuando triunfa», Ramón Gómez de la Serna.

«Publicar joven no es una virtud. Lo es haber leído mucho, haber vivido algo y haber aprendido a callar. Muchos escritores jóvenes escriben como si temieran desaparecer si no publican. No saben que desaparecer un tiempo es una forma de preparación», Javier Marías.

«La manía de querer llegar es lo que pierde a los jóvenes. Quieren producir antes de haber madurado, publicar antes de haber sufrido, triunfar antes de haber trabajado. El arte no es una carrera, ni un oficio para ganar dinero, ni un trampolín social. Es una religión. Hay que servirlo con humildad, sin pensar jamás en el éxito, que es siempre una estupidez retrospectiva. El dinero y la gloria son enemigos mortales del estilo. En cuanto uno escribe pensando en ellos, la frase se afloja, el pensamiento se prostituye y la literatura se vuelve periodismo del alma», Flaubert.

«La juventud ama el gesto visible del genio: el hallazgo, la ocurrencia, la frase brillante. Ignora que la verdadera inteligencia literaria se forma en lo que no se ve: en la corrección interminable, en la supresión cruel, en la paciencia casi humillante de volver atrás. Publicar demasiado pronto equivale a fijar una torpeza. Es una forma de inmortalizar lo que todavía debía morir», Luis Sanz Leví.

«Muchos jóvenes escriben como quien declara una guerra sin ejército. Confunden la exaltación con la fuerza y la agresividad con la profundidad. Pero la escritura no es un grito: es una larga disciplina del oído. Antes de aprender a decir “yo”, habría que aprender a soportar el silencio que lo rodea», Noemí Chaudarcas.

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