CONTRATAPA «AD HOMINEM»

Contratapa «Ad hominem»

El autor recibió de los hombres un trato áspero, desdeñoso, cuando no abiertamente hostil, que no devolvió. Sus respuestas fueron la cortesía, las formas y la caballerosidad, que, por contraste, acusaban la impiedad recibida.

El autor vivió siempre en una especie de segundo plano de la realidad. Los hombres le parecían lejanos, como vistos a través de un vidrio opaco. No los odiaba; simplemente no sabía vivir entre ellos. Su verdadera patria fue siempre interior, un territorio hecho de símbolos, melodías y palabras. La sociedad expulsa a quienes callan de un modo distinto.

Siempre vivió al margen, no por desprecio hacia los hombres, sino por delicadeza. Estar demasiado cerca le hería. Prefirió las afueras, los paseos solitarios, las habitaciones pequeñas. Desde allí escribía con modestia, con cuidado, con una cortesía que el mundo no entiende, pero que le permitía seguir existiendo.

Hieronymus Silvanus Aretinus, «De vita secreta», Florentiae, saec. XVI: “Extra turbam vixi non misanthropia, sed cura formae. Cum alii asperitate uterentur, ego urbanitatem servavi, sciens mores esse ultimum hominis refugium. In latebra mansisse non fuga fuit, sed iudicium.”

Donde otros embisten, el autor se retira a sus apacibles cuarteles de invierno.

Salud y libertad.

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